¿Por qué?

Uno, que antes se metía mucho por Internet, se da cuenta un día de que empiezan a aparecer los blogs, unas páginas donde la gente básicamente se pone a contar su vida. Ya desde entonces la idea me parecía, por una parte, impúdica, como un acceso de exhibicionismo, y por otra, pretenciosa: ¿a quién coño le importa lo que hizo ayer por la tarde Johnny en Wisconsin? Es más, ¿por dónde leches queda Wisconsin?

Otro día, buscas información sobre el Cabo de Gata y te tropiezas con un tío que fue en bici, hizo fotos y, no contento con eso, las publicó en su blog. Eso sigue siendo exhibicionismo, pero mira, así has conseguido ver los paisajes y algunos comentarios del colega sobre cuándo ir, dónde no comer… Y de paso te ríes con la anécdota de la serpiente.

Visto así, parecería que la idea de los blogs mola en tanto que pueda sacar yo algo de ello. Pero claro, entonces te pones a pensar en qué significa sacar algo de ello. ¿Qué te aportó más, las fotos del Cabo o la anécdota de la serpiente? ¿Y si fuera todo junto?

La vida, que no descansa ni a tiros, viene otro día y te presenta a Mon Magan, un personaje que… Bueno, un personaje. Para conocerlo bien os bastará con saber esto: el Mon es una persona que tiene los morros arrugados así para adelante, como si estuvieran preparados para darte un besito en cualquier momento. Si a esta característica le sumamos una predisposición infalible para contar chistes con vocecilla de falsete cuando tiene dos copas de más, ya tenéis un retrato del hombre. Pues bien, Mon Magan aparece y te empieza a hablar de fanzines y de contracultura y de pop español y de la madre que lo trujo. Y también de su página web, y de cómo quiere mejorar esto y lo otro, y de cómo está planeando su blog. Y un día va y te lo enseña, y te metes en él y poco a poco dice uno, carajo, esto mola, ¿y si de pronto hiciera yo una web con mis poemillas y todo eso que nunca le enseñas a nadie? Y la haces y se la enseñas a Mon y entonces él te dice (con su morro arrugado, no se olviden): “Tú, desnutrío, que te capto para El Hotelito. Hala, a bloggear como todo hijo de vecino, o qué te habías creído”. Uno balbucea, y piensa “¿yo? ¿publicar mis cosillas?” mientras le entran cosquillitas y la risa floja. Así es como se aprende que un blog, entre otras cosas, puede servir para volcar en él tus inquietudes, o utilizando palabras de Mon, “para fogar”.

Ah, entonces si es para mostrar tus inquietudes sí vale, ¿no? ¿Pero se puede ser más fantasma? ¿Qué más dará contar tu diario que poner tus fotos, que tus poemas? Al final son ganas de decirle a los demás quién eres, a tu manera. Así que ya estás criticando menos y aceptando tu vena exhibicionista. El pudor no desaparece, pero todo tiene solución. Nos dice el amigo Suelas Rotas en reunión de frikis: “tú escribe como si no te fuera a leer nadie”. Grandes risotadas. Será raro que alguien me lea, así que problema resuelto. Es curioso, porque los primeros blogs me imagino que serían vistos con interés cuasi antropológico, como la primera edición de Gran Hermano, y tendrían mucha visibilidad en la red y todo eso. Es decir, habría unos pocos que realmente tuvieron que ser conocidos por mucha gente. Hoy día, sin embargo, con tanta proliferación de blogs, con tanta incorporación de personas al mundo virtual, estamos igualando éste con el real y la cualidad del anonimato ha tomado la misma consideración.

Lo que más me gusta de la idea es que esto me ha sucedido. No lo he planeado. Ha ocurrido así. Antes me lamentaba de que varias cosas importantes de mi vida sobrevinieron y ya está. Por ejemplo, la carrera que estudié, pueden creerme. Ahora estoy más inclinado a pensar que precisamente porque esto no estaba previsto de antemano tiene más potencia y no voy a negarme a probarlo. No sé, es como descubrir que el plan premeditado viene con la semilla del desencanto, y que merece la pena dejarse llevar un poquito cuando vienen en ocasión.

Por tanto, valor y al toro. Como mínimo vas a publicar unas cosas que de todas maneras van a leer tus colegas y con suerte dos o tres más, y que de otra forma te hubiera supuesto mendigar a quién sabe qué editores o qué concejales de qué ayuntamientos. Pero qué dices, yo me quedo con Mon Magan, un editor capaz de crearte un espacio en web, configurarte tu blog, darte un tutorial de WordPress y mirar para la pared cuando metes tu contraseña de acceso, todo ello sin desarrugar el morro. Y gratis. Amos, hombre. Con mucha suerte, alguna despistada se enamorará de mis sensibles trovos y querrá comerme la frutita a cambio de que yo le coma el brownie. Y con más suerte todavía, mi novia no leerá este comentario y me seguirá queriendo y poniéndome en mi sitio cuando me lo merezca. Estos poetas…

Una última cosa. Cojan la película El Milagro de P. Tinto, de Javier Fesser, esperen a la escena donde el protagonista grita “¿Por quéééééééé?” encaramado a lo más alto de la casa mientras le cae un diluvio en la cara y lean los subtítulos. Conocerán el verdadero significado de esta expresión.

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