El chico chapotea
El chico chapotea en la poza del río, pero a cinco metros en el fondo reposa un zapato de deportes de tamaño mediano que ya no sirve a su dueño.
El viento ha traido flotando una ceniza inexplicable que ha acabado posándose en el sándwich de atún; la ceniza de don José cuyos hijos han arrojado sin cariño no hace mucho un poco más arriba en la montaña.
Él lleva su mochila a todas partes, pero no sabe que en el bolsillo pequeñito, el que nunca usa, pasea desde el primer día a una abeja ya disecada y completa hasta los ojos.
Cuando el tipo de la cicatriz de puro amable ha sonreido cediéndote el turno con tu sola botella de detergente, no has visto que su chaqueta ocultaba una pistola más grande de la cuenta.
Así son los alrededores de la muerte, tan discretos.