Chirlanda (2)
Pero déjenme seguir, que me pierdo. Después de una magnífica velada, volvimos al Seafront, un cómodo y limpio B&B (por Bread and Breakfast, cama y desayuno). Digo volvimos porque evidentemente antes de salir esa noche fuimos a acomodarnos. Claro que no fue nada fácil, porque tengo entendido que los B&B no puedes buscarlos, son ellos los que te encuentran a ti. Sí, yo tampoco lo comprendo, pero hay que ir a Irlanda para vivirlo. Fue saliendo al día siguiente cuando Julie pronunció estas bellas palabras que perdurarán en mi memoria: “El caballero resultó ser bueno pa’ las pint, tiene tremenda guatita.” Julie hablaba del marido de la casera, y dicho al estilo de por aquí, sería: “No veas cómo le pega el tío a la cerveza, hay que ver el peazo barrigón que tiene”. De acuerdo, de acuerdo, es mucho más lindo en chileno, está más que claro. Julie es una persona curiosa, yo creo que podría ser irlandesa perfectamente. Le gustan muuuuucho los dulces, hasta el punto de que mide el paso del tiempo en función de las cantidades que ingiere. Por ejemplo, ¿cuánto se tarda en llegar al B&B? Quinientos paquetes de caramelos. Bueno, es una exageración, pero no tanto, créanme.
El domingo nos llevaron de excursión Jenny y Denis a la espectacular playa de Inch y después a Dingle. Lo más destacado de Dingle es la afición al deporte que hay. En todos los bares se agolpaba la gente para ver los partidos por la tele. Claro que igual influye que coincidían la final regional de fútbol irlandés y la final del mundial de fútbol. Sí, va a ser eso. Lo del fútbol irlandés es digno de verse. Intentaré explicarlo. Imagínense que el rectángulo inferior de la meta de un campo de rugby tiene una portería, con red, la cual guarda un portero. ¿Bien? Vale, pues si metes un gol en la portería con red te dan un punto, y si marcas por entre los palos verticales superiores te dan tres. ¿De acuerdo? A este juego se juega con los pies y con las manos. Para poder avanzar con el balón tienes que echártelo al pie en carrera y devolverlo a las manos sin que toque el suelo. Y el balón es redondo. ¿Se va entendiendo? No, ¿verdad? Este día dejé de considerar extraños a los irlandeses: quedaba claro que están locos. En fin, que vimos la final del jueguecito este en un bar, acompañado por mi parte de una hamburguesa de ternera de considerables proporciones. Del partido vi poco, la verdad, mi campo de visión lo ocupaba casi por completo la hamburguesa.
Después de un cafelito en una especie de tetería preciosa, nos metimos ya en un pub por derecho para ver la final del mundial. Había bastantes franceses. En lo que a mí respecta, no tenía un favorito claro, puesto que Francia había eliminado a España e Italia no me hacía gracia. Me fui decantando por Francia ante el insulso juego de los italianos, y ya me rendí a los gabachos cuando Zidane le boxeó el estómago a Materazzi con su propia cabeza. Lo siento mucho, disfruté, algún diablillo tuvo que despertarse dentro de mí, porque disfruté.
Haré un inciso para contar lo que me pareció la experiencia de ir al súper. Bueno, es todo muy normal, como los mercadonas de aquí, excepto el pequeño detalle de que aparte de las cajeras de toda la vida, tienen una caja en la que tú pagas solito. ¿Cómo? Pues tú mismo te pasas los códigos de barras y al final metes el dinero por una ranura. Se te devuelve el cambio y marchando. Sólo hay un operario encargado de vigilar que todo vaya bien, pero por lo demás, imagínense la de puestos de cajeras que va a quitar el invento éste. Tranquilos que con el tiempo vendrá a España, si es que no ha venido ya. A mí todas estas cosas me dan un poco igual, la verdad, pero más que la pérdida de puestos de trabajo, lo que me asusta es la de cosas que inventan para cobrarnos. Temo que algún día te cobren sólo por pensar en los productos. No, no se rían, a mí me da miedo.
El lunes lo empleamos en dar vueltas por el centro, de compras. A mí ir de compras me resulta agotador de por sí. Pero claro, si encima uno va acompañado de mujeres, Lili y Margui en este caso, pues el esfuerzo es doble. Sí, porque a ellas les gusta todo, es increíble. Mi concepto era: necesito a, b, y c, a ver dónde lo consigo. El suyo era: vamos de compras y a ver lo que pasa. Lo que pasa es que debimos de entrar en ochocientas tiendas. Por supuesto, acabé comprando cosas que no iba buscando, pero que necesitaba. De todas formas sería injusto adoptar el papel de hombrecito utilizado y decir que fue un rollo. Me divertí un montón con estas dos locas. También me cansé mucho, pero fue divertido. Un consejo: si van a regalar música en CD o DVD, asegúrense de lo que hay dentro. No hay nada más descorazonador que emplear horas en buscar algo adecuado y descubrir que es un bodrio justo en el momento de regalarlo. La cara que se te queda es un poema. David, Elo, otra vez será.
El martes, último día, estuvimos de nuevo en el parque, para despedirnos de él, y luego, por la tarde, viendo un par de espectáculos callejeros. Unos acróbatas muy graciosos y un danés que se montaba en un triciclo de tres metros de altura. Digno del Circo del Sol, de verdad, impresionante.
En definitiva, nuestra estancia en Irlanda ha sido de todo menos fome. Qué pasa, ¿no saben qué significa fome? Pues hala, a buscar en Internet.
Un momento, un momento, que no hemos hablado de comida, con lo que me gusta. La comida irlandesa, como todo lo demás, también es bastante extraña. Hacen una especie de empanada gruesa rellena de verduras, maíz y otras cosas. Lo llaman pastel de choclo, porque así es como ellos llaman al maíz. Aunque parece una comida potente, luego no es difícil de digerir, es muy nutritiva, y rica, rica, rica. Luego está la sopaipilla, una especie de buñuelo hecho con masa de harina de trigo, huecos por dentro, exquisitos, a mí me recuerdan a los churros, pero nada aceitosos. Es un bocado finísimo, qué bien lo hacen. Luego está el ají, que aquí conocemos como pimentón picante, que suelen añadirlo casi a cualquier comida, no sólo al cocinarla, sino rociándolo por encima. Delicioso. Y de bebidas típicas, el pisco, un aguardiente de uva muy fuerte, que aquí el machito español tomó para dejar claro nuestro poderío. Vaaaale, acabé medio borracho, pero también fue por la cachaça brasileña y la cantidad de cerveza que me dio el Denis. Después de todo esto nos pusieron un concierto del mejor grupo irlandés, Ozomatli. Qué marcha tan buena, señores, se los recomiendo. Un momento, ¿cómo? ¿que todo esto no es típico de Irlanda? Ah, que es de Chile. ¿Ozomatli son de USA? Ayyyyyyyyyy… Con todo este lío , ya no sé si lo mejor de Jenny es Julie, lo mejor de Julie, Lili, lo mejor de España, Irlanda, y el condado más bonito de Irlanda, Chile. Besos, amigos. Les esperamos.