Las aventuras de Sombradoble (6)

Hoy todo el mundo venía con algo encima. Me refiero a cosas que normalmente no suelen traer, la ropa y la caraja no cuentan. Cortadodoble no estaba muy fino, venía con una nube lloviendo. Es la primera vez que lo he visto, pero si lo conoces te encaja enseguida. Estaba muy cansado, arrastraba los pies, le colgaban los brazos, tenía los ojos como brótolas y ha estado a punto de no venir, pero Cortadodoble se crece ante la adversidad, saca su lado bruto y él viene al trabajo aunque le falte el hígado. Pues bueno es él… Esto de la nube tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Que quieres regar el jardín: pues lo riegas. Que no sabes dónde está el tío: pues sigues su rastro de agua. Fácil. Eso sí, lo va dejando todo perdido, las cosas como son.

Por su parte, Mixtoaceite venía con un tablón del quince, también llamado cogorza a secas. Ná, que le encartó al muchacho de alternar un poco ayer tarde, y la tarde se hizo noche y la noche madrugada, y esto parece una canción de la Jurado, que en paz descanse. Como es lógico, acabó haciendo cosas de borrachos, ya saben, hablar con farolas en primer lugar y orinar en ellas en segundo lugar. Algún día hablaremos del binomio Borracho-Farola y de la intrigante relación amor-odio que se establece entre ellos. Por otra parte no olvidemos el don de Mixtoaceite para establecer comunicacion sensorial con objetos inanimados.

En lo espiritual, Mixtoaceite estaba rodeado por un aura que materialmente se percibía como una nube de alcohol, que no se veía pero se olía a la legua. No era desagradable, era más bien parecido a colonia infantil. Sombradoble y Cortadodoble estuvieron dudando entre frotarse con él para oler bien o colgarle un cartel de inflamable.

MA: ¿Se me nota?
SD: No mucho, la verdad.

Esto es así, el tío se ha cargado doce güisquis y tiene huevos para venir al trabajo. Es más, casi no se le nota. Yo hago lo mismo y a partir del séptimo los demás los tenéis que rociar sobre mi cadáver.

Ya en el bar, nos recibió el camarero de la barra, que es el dueño del bar, en lugar del chico que sirve las mesas. Preguntamos por él, a lo que se nos respondió:

-Qué va a estar malo. Ha pegao un piñazo con el coche. Lleva una semana con el carné y va a leñazo por día.

Y se va con el trapo y los vasos vacíos y su prisa de camarero en hora punta.

MA: Estoy fatal, tío. No sé si ir a una farmacia.
SD: Pero una farmacia para que te den qué.
MA: No sé… un jotabé-cola, je-je-je-je ¡hic!
CD: Pero tú qué síntomas tienes. ¿Te duele la cabeza?
MA: …no lo sé.
SD: Quillo, este no está bien.
CD: Te cambio la nube por el tablón.
MA: Quita, quita, prefiero esto.
SD: Estáis piraos, macho. Y tú, a ver si dejas de llover.

Escribe un comentario