Marruecos
3 Marzo, 2007Yo estaba empezando a disfrutar mis primeros días de retiro, cuando el KGB me llamó y me pidió por favor que les hiciera un último trabajo. Me lo pagarían bien, dijeron, y también que si decía que no quién sabe lo que podía pasarme, un accidente o cualquier cosa inesperada. Yo acepté de buen grado, porque los chicos del KGB tienen un algo así muy persuasivo que no se puede explicar con palabras. La misión consistía en infiltrarme dentro de un grupo rociero extremista con objeto de desentrañar el secreto de su más temible arma: las sevillanas rocieras que, como todo el mundo sabe, matan de puro aburrimiento. Este peligroso grupo iba a hacer un viaje a Marruecos para localizar objetivos, camuflados en una excursión organizada. Y allí me colé yo para espiarlos. (more…)